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‘Stitches’ de David Small: lo poderoso de contar historias y vivencias de la manera adecuada

La sencillez y lo cercano de este libro es lo que te golpea tremendamente.

Hace unos 10 o 12 años atrás era un divertimento pasearse por las librerías de Caracas y ver con que te sorprendían. Ediciones de lujo, libros nuevos, nuevos autores, nuevos títulos, ciertamente, para los que nos gusta leer nada mejor que salir a pescar cosas nuevas.

En una cadena de librerías hoy ya extinta, debajo del mesón de los libros de moda, conseguí un libro verde sin mayores pretensiones de ser interesante. Sin embargo, dado mi gusto por los cómics, me llamó la atención la portada, que era la caricatura de un niño mal encarado como cerrando una puerta, o quizás arrinconado por alguien (quizás el mismo lector).

¡Lo compre!

No recuerdo si lo empecé a leer en la misma librería o al llegar a la casa. Creo que lo comencé a leer en la librería y al llegar a casa lo comencé a leer de nuevo. No hubo forma de parar hasta el final. Y una vez en el final, impactado, aun con el libro abierto en la última página, aun procesando todo lo que leí y sobre todo vi, volví a echar para atrás para repasar escenas y momentos que aún me golpeaban.

Para mí en este libro, el dibujo lo es todo, hay poco que leer porque literalmente aquí se trasmite aquella frase un poco trillada de: “una imagen dice más que mil palabras”. Es un dibujo ágil, que da la sensación que lo está haciendo alguien joven y por lo tanto te engancha aún más porque sientes que es el mismo niño (de la portada) que está dibujando su historia. Ciertamente es así, porque literalmente el autor de la historia es el niño que vemos dibujado en la portada y es el niño del que trata la historia.

A raíz de una operación que será crucial en su vida, es que se toma el nombre del libro puntadas (de una operación)

Como les dije el dibujo es muy juvenil, muy rápido en su hechura pero a la vez trasmitiendo que ese es él estilo y no porque el autor quiera ser trivial a la hora de describir visualmente lo que está pasando. Las palabras son utilizadas especialmente por el narrador omnisciente, que no es otro que el niño pero ya adulto y que ha digerido, perdonado y asimilado su historia y por lo tanto puede contártela desde una óptica absolutamente abstracta, dura y llana que te pega y no te deja inerte ante lo que está sucediendo.

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Básicamente no hay muchos personajes: el niño, mamá, papá y un hermano que literalmente aparece al principio y final de la historia. No hace falta más. Para un niño entre 8 y 11 años, que es la edad donde transcurre la mayor parte de la «narración», sin duda es su familia más cercana la que le da forma a su mundo interior y casi que también exterior.

Stitches david small

La historia, si bien es contada de una manera rápida y cruda, lo que produce es que te quedes pegado en su lectura, aún siento esta una historia compleja. Creo que pudiera decirse que, todo lo malo que le hubiera podido pasar al protagonista, le pasó. Los modelos básicos de mamá y papá «buenos» fueron derruidos en la historia; pero al final tampoco hay gente absolutamente buena ni absolutamente mala, solo circunstancias que no se supieron manejar por los tiempos, por lo novedoso de la situación, etc. Hay culpa y hay perdón. Hay superación.

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El final puede resumirse también en aquella frase: «todo depende del cristal con que se mire», y si bien se entiende a los personajes, y el entenderlos te impacta, debemos también reflexionar que eso no evita o minimiza como afectaron a los demás personajes; punto que se aplica a la historia y a nuestras vidas personales. Quizás, está plenamente justificado nuestro mal humor de un día cualquiera y conocer que lo causó hace que la gente pueda sentir empatía con nosotros, pero, eso no borra el hecho de que pudimos, con nuestro mal humor, maltratar verbalmente cuando menos a los que nos rodean.

Stitches david small

Me encanta el uso realista del dibujo, pero cada cierto tiempo utiliza imágenes oníricas o fantásticas que le agregan mucha más fuerza a la historia, que explican mejor la realidad (aunque parezca increíble) que un dibujo detallado de la situación. Por ejemplo, ya desde muy temprano en la historia se da entender que el dibujo es la válvula de escape del protagonista, pero luego de que una pandilla lo persigue y llega a su casa, hay una escena donde él, literalmente, se zambulle en una hoja donde hay unos dibujos y cae por un estomago donde al final lo esperan varios amigos animados.

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Si antes había quedado claro que el dibujo era su escape (y lo expresó perfectamente en varias escenas del niño dibujando) ahora quedaba claro lo que para él, en su mente, eso significaba. No solo logras percibir lo que el dibujo es, sino como lo siente él. Es algo visceral, no está en su corazón o en su mente; cuando dibuja lo siente en su estómago, y lo siente para bien, allí físicamente siente que están sus personajes y su inspiración, porque es lo que siente que se mueve, como cuando estamos enamorados que sentimos “mariposas en el estómago”.

Hay otra escena que es medular. Y la dibuja igualmente en dos partes: la primera parte es la entrevista que tiene con un psicólogo donde le dicen en dos platos y sin ambigüedades que ocurre entre él y su madre. Se ve en el dibujo su cara, se sabe perfectamente lo que debiera estar pensando: molestia, arrechera al médico, dolor. Pero luego vienen casi tres páginas de escenas de una tormenta, nada fantástico, una tormenta que pudiera ser en ese momento fuera del consultorio y que te da a entender con una claridad meridiana lo que pasa en su alma, en su corazón, en sus pensamientos en ese momento. La tormenta fuerte, fría, implacable… pero que finalmente amaina y termina. Pero así como la tormenta muchas veces limpia y purifica una ciudad, así la verdad que el recibió lo renovó, con dolor, lo hizo crecer y trascender para que evolucionara a cosas mejores. Todo eso y más está allí dibujado.

Todos los personajes de la historia son dibujados como tales, excepto, claro está, de aquellos que son producto de la imaginación del niño. Pero hay uno que nunca se ve como es realmente: el psicólogo. A el psicólogo se le representa como un conejo, como el conejo de Alicia en el País de las Maravillas. Me parece fascinante todo lo que pudiera esto representar, pero para mi, lo primero que me llega a la mente, es que dibujo como un personaje de fantasía al único personaje que fue sincero y lo ayudó en mucho tiempo dentro de su historia, y los personajes reales fueron realmente caricaturas y mentiras. Estas metáforas llenan las páginas de esta fascinante autobiografía.

Por supuesto que me encanta Batman y Superman. Me encanta ver un despliegue de superpoderes y de lucha por el bien y la justicia. Pero es igualmente satisfactorio leer una historia en este formato, que te mueva internamente, que te deje reflexionando, que te muestre lo poderoso de contar historias y vivencias de la manera adecuada.

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